Sábado, sabadete
Siempre tuve problemas con los hombres (también con las mujeres), como si me hubiese tocado vivir antes (o después) de tiempo. Entonces, los hombres eran machotes que hacían exhibiciones de fuerza física y grosería verbal o conductual que me resultaban ajenas. Seguramente por ser de pequeño un niño mimado pegado a las faldas de su mamá y por haber sido educado en una familia de moral recta y costumbres austeras, ajeno todo a esto al despiporre y la juerga. Ello no quita para que me gustase especialmente jugar en la calle o que siempre hubiésemos vivido en barrios populares, pero no es de esto de lo que quiero escribir.
Sino de la pulisón sexual canónica masculina, la que imperaba en aquellos tiempos. Los niños (no sé si también las niñas) eran precoces y desde pequeños se pasaban fotos que no sé dónde conseguían con tías medio en pelotas, hablaban de mujeres entrevistas en ropas menores y al parecer (de eso me enteré después) hacían competiciones de quién la tenía más grande, a lo mejor mientras se corrían juntos en una especie de competición deportiva no tecnificada.
En fin, que había toda una cultura sexuada que incluía costumbres, frases hechas y demás tópicos cotidianos. Ir de putas debía formar parte del repertorio masculino, aunque ya digo que en mi entorno no prosperaba tal liberalidad. O normalidad.
“Sábado, sabadete, camisa nueva y polvete” oí decir más adelante como si se tratase de un refrán o sentencia, albañiles medio duchados haciendo cola en la casa de putas donde estrenar el sueldo semanal recién cobrado. Un desahogo muy masculino. ¿No descansó el Dios de los judíos en sábado?
A lo que iba: me gusta el sábado, es mi día de la semana favorito. El tiempo se ralentiza y la capa de sonido que siempre nos envuelve se relaja. Es un día con amortiguador.
Y me encanta hacer la colada justamente el sábado. Con perspectiva de la semana laboral cerrada, como quien hace las maletas para un viaje inmediato, el que empieza el lunes.
Un balance (toda la ropa ensuciada durante el ciclo acabado) para poner a punto el ciclo que se abrirá pasado mañana. Y en medio, el domingo: el día ad libitum.







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