Mamografías
Lo venden como tecnología amiga por sus efectos benéficos: gracias a las mamografías puede detectarse con precisión la naturaleza de los bultos que de repente surgen en los pechos. Femeninos, hay que aclarar porque al parecer no es un dato baladí. Siempre me han parecido narcisistas las medidas gubernamentales contra la discriminación sexista cuando se limitan al ámbito de la propia Administración, léase ley de paridad. Al final, el éxito de los políticos y gobernantes se mide en función de cómo hacen progresar a la sociedad que gestionan y no a ellos mismos. La ejemplaridad interna no deja de ser anécdota cuando se autofelicita: la encuesta real está en la calle.
Vuelvo a la medicina. ¿Existe una revisión femenina de la cirugía y toda la parafernalia tecnológica que da soporte a la exploración del cuerpo enfermo? Este maravilloso despliegue de aparatos que sustentan el seguimiento de todo tipo de trastornos y deficiencias debería haberse diseñado bajo la supervisión de un comité paritario.
Al menos, eso es lo que cuentan muchas mujeres después de haber pasado por el calvario de una mamografía. La venden como útil y necesaria, pero resulta humillante y dolorosa. Así pasa desde hace cinco, diez o más años y así está previsto que siga pasando. Cuando la tendencia dominante en el pensamiento y la práctica médicas es evitar o paliar el dolor, resulta chocante que se mantenga una técnica tan agresiva como esta, blindada a revisiones que incluyen la dignidad del paciente. De la paciente, obligada a someterse a una exploración que parece ideada por un verdugo.







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