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Regreso a Peter Pan

20 Septiembre, 2009 emiligene 1 Comentario

tercera edad

Cada generación está marcada por un conjunto de valores y experiencias que determinan su perspectiva de la vida. Por ejemplo, la de mis padres estuvo condicionada por la guerra, la escasez y el autoritarismo nacionalcatólico. Tanto que años o décadas después de haber desaparecido estas realidades, ellos seguían manejándolas como referencia cotidiana. Definir a las generaciones actuales es más difícil por aquello de que siempre cuesta más definir lo que nos resulta cercano.

A pesar de ello, muchos aventuran que los jóvenes de hoy día están condicionados por el consumismo inmediato que ha marcado su infancia y que los hace débiles para esfuerzos sostenidos pero al mismo tiempo aptos para esta economía neoliberal de contratos basura y trabajo precario. Por otra parte, las señas de identidad generacional tiene su propia diacronía. Los viejos de ahora se diferencian de los de antes en su voluntad de autonomía personal.

Hablando de vejez, perdón, de tercera edad, mi generación parece tener algunos problemas para asimilarla. Tal vez porque es la primera en la Historia de la Humanidad que no contempla la jubilación como un fin sino como un principio. El fin del ciclo de la madurez abre las puertas a una segunda juventud, ajena por definición a la experiencia de la vejez y sobre todo de la muerte. Mis coetáneos y yo llegamos a los 60 sin conciencia de la muerte, con la misma inocencia inconciente que la de un niñato. No queremos morir simplemente porque nos han estado entrenando para gastar más en viajes, academias y centros de ocio como no les pasó a nuestros padres. Morir no entra en nuestros planes.


Artículo publicado en el diario Ultima Hora (10 febrero 2009)

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Regreso a Peter Pan

10 Febrero, 2009 emiligene Deja un comentario

Cada generación está marcada por un conjunto de valores y experiencias que determinan su perspectiva de la vida. Por ejemplo, la de mis padres estuvo condicionada por la guerra, la escasez y el autoritarismo nacionalcatólico. Tanto que años o décadas después de haber desaparecido estas realidades, ellos seguían manejándolas como referencia cotidiana. Definir a las generaciones actuales es más difícil por aquello de que siempre cuesta más definir lo que nos resulta cercano. A pesar de ello, muchos aventuran que los jóvenes de hoy día están condicionados por el consumismo inmediato que ha marcado su infancia y que los hace débiles para esfuerzos sostenidos pero al mismo tiempo aptos para esta economía neoliberal de contratos basura y trabajo precario. Por otra parte, las señas de identidad generacional tiene su propia diacronía. Los viejos de ahora se diferencian de los de antes en su voluntad de autonomía personal. Hablando de vejez, perdón, de tercera edad, mi generación parece tener algunos problemas para asimilarla. Tal vez porque es la primera en la Historia de la Humanidad que no contempla la jubilación como un fin sino como un principio. El fin del ciclo de la madurez abre las puertas a una segunda juventud, ajena por definición a la experiencia de la vejez y sobre todo de la muerte. Mis coetáneos y yo llegamos a los 60 sin conciencia de la muerte, con la misma inocencia inconciente que la de un niñato. No queremos morir simplemente porque nos han estado entrenando para gastar más en viajes, academias y centros de ocio como no les pasó a nuestros padres. Morir no entra en nuestros planes.

Artículo publicado en el diario Ultima Hora (10-02-09)

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La nostalgia del verano

30 Junio, 2008 emiligene Deja un comentario

Asocio el verano con días largos, larguísimos, bajo un sol infinito y entre árboles y campos eternos. El mar, la indolencia de la playa, el rumor de los niños como abejas y los turistas a lo lejos. Fiesta de día y de noche, el mismo calor y las mismas ganas de celebrarlo. Esta relajación de los sentidos, estas ganas de vacaciones sin fin que se abren como una oportunidad definitiva.
Esta es, me parece, la nostalgia del verano, tan distinta a la del otoño o el invierno, marcados por el principio de realidad. Mi madre murió en noviembre, mi padre en febrero, y se me hace extraño asociar la sorpresa de la muerte con el verano.
El verano detiene el tiempo y abre las ventanas, crea la comunión de los viajantes y veraneantes, la borrachera de la carretera y los aeropueros, la reunión de las familias. Es la Navidad laica, sólo que mucho más larga y radiante, menos cargada de obligaciones y parafernalia.
Verano, regreso a los saltamamontes de la infancia o las cigarras.
Para mí, verano es Banyalbufar y las tardes infinitas en el mar con los hijos pequeños. Promesa de plenitud, reforzada cada puesta de sol con toda la solemnidad de la Naturaleza protectora.
Ilusión de infinitud, más poderosa que las marchas nocturnas que en seguida pasan factura en forma de resaca.
Verano panteísta, salvados por la luz y el milagro de la brisa. Conjuro de la muerte. Epifanía de los sentidos, el más dulce sucedáneo a la promesa de la resurrección de los muertos

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Cobardes

26 Abril, 2008 emiligene Deja un comentario

Quizás te planteas de vez en cuando cómo podría mejorar tu vida, y no me refiero al dinero. Ni al confort ni a las posesiones inmuebles ni al trabajo o a los ligues, ni siquiera a la familia, sino a una tranquilidad de conciencia que tiene que ver con hacer las cosas de forma honesta. Tanto da que el resultado sea tener tres pisos y dos chalets como vivir de alquiler. Da lo mismo que seas jefe de sección con una familia bien situada o un operario sin hijos y divorciado. Al fin y al cabo, la vida es tan compleja que es difícil saber si el éxito en la vida se corresponde con un verdadero triunfo personal.

Intento situarme en la perspectiva de un balance vital, aunque entiendo que esta sociedad nos impide cualquier tipo de reflexión que implique un alto en el camino. La muerte no tendría que ser la única e irreversible oportunidad de sopesar lo que hemos hecho. Y lo que hemos dejado de hacer. Es difícil saber en todo momento cuál es la decisión correcta y seguranente nuestra vida está cargada de errores por defecto o exceso. Pero creo que son más abundantes las omisiones. La vida actual está todavía llena de riesgos (cáncer, cambio climático, paro…) por lo que en lo personal optamos por la solución más acomodaticia.

Lo cual es coherente con la forma de vida actual, dominada por el corto plazo y el rechazo al dolor. Justamente los grandes logros de una época cientifista y lúdica nos están haciendo más cobardes. Y no tenemos tiempo para notarlo.

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