No es la primera vez que oigo o leo ningunear una hipótesis científica como es el cambio climático. No me coge de sorpresa pues el desprecio del sr. Rajoy, aprovechando la amplificación mediática que le ofrecía compartir casi tribuna con Al Gore. Al parecer, la derecha no ve con buenos ojos una predicción que juzga catastrofista.
Voy más lejos: ¿la izquierda abraza esta causa mientras la rechaza la derecha? Quiero decir, ¿existe un posicionamiento frente al debate científico, que tiene que ver con militancias ideológicas? Parece ser que sí, por mucho que se insista en que sólo existe el centro y que la dialéctica derecha/izquierda es obsoleta. De ser cierta la generalización de ambas posturas enfrentadas, cabe preguntarnos por los motivos, sutiles e implícitos porque ningún partido ha formalizado todavía una declaración de principios exportable a sus votantes y simpatizantes. Estos se alinean a favor o en contra de la verosimilitud del peligro climático y de la urgencia en la construcción de una estrategia contundente, según estén más cerca de unos valores de derechas o de izquierdas, pero de forma espontánea: el mejor indicio de su coherencia.
Y es que la derecha es optimista por vocación y necesidad. El crecimiento infinito es una de las grandes fantasías que moviliza el formidable edificio capitalista que empuja nuestro mundo. Su credo económico nace en la conciencia de un desarrollo ilimitado, al que el cambio climático vendría a poner freno. Por su parte, la izquierda ha sustituido la imaginería de una sociedad sin clases por un escenario en el que la lucha contra los factores causantes del cambio climático es el trasunto de la lucha contra el abuso y la explotación económicas: el cambio climático es algo así como la reencarnación ecologista y postmoderna de la lucha de clases que debe acabar con la dominación capitalista.
Afortunadamente, hoy día la cultura científica es muy superior a la de hace cien años, y los problemas que amenazan la supervivencia del propio planeta no son sólo una cuestión política: el protagonismo debería traspasarse a la comunidad investigadora, libre de presiones interesadas y demagogias. Que se pronuncien los científicos. Que Mariano no hable por boca de su primo.
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