Estados petroautoritarios

Así catalogan algunos articulistas a los países que fundamentan la fuerza de su régimen autoritario en su abundante producción petrolífera. Por poner tres ejemplos: Irán, Rusia, Venezuela. Tres huesos duros de roer para la Administración norteamericana, empeñada en llevar su buena nueva liberal a todos los rincones del mundo. Bush lo intentó a lo machote, pero el resultado fue (es) uno de los grandes desastres de su mandato: Irak todavía está en pie de guerra civil y ha soliviantado los ánimos de toda la zona. Habría que recordar que el presidente saliente forma parte del lobby petrolero de su país, como ya demostró con hechos y guerras su propio padre. Y es que EEUU, y en consecuencia todo el mundo occidental que chupa rueda, es consumidor compulsivo de petróleo y sus derivados. Somos drogodependientes de la gasolina, tanto que EEUU se reserva buena parte de su producción para cuando lleguen los momentos de escasez: todos sabemos que el oro negro es un bien limitado con fecha de caducidad pero allá quieren prolongar su agonía más allá de lo que nos durará al resto del planeta. Paradoja irresoluble: EEUU depende de sus grandes enemigos. O dicho al revés: países de segunda o tercera fila como Venezuela o Irán les hacen la pirula como un camello a un adicto en pleno mono. Por eso, Obama ha grabado y distribuido en Irán un vídeo subtitulado en iraní para transmitir un mensaje de entendimiento. No es de sentido común ir amenazando a tu principal proveedor como hacía Bush..Los tiempos han cambiado, y afortunadamente para todos, Obama, ajeno a intereses petrolíferos, reivindica las energías renovables. El futuro es sostenibilidad y diálogo.
Artículo publicado en el diario Ultima Hora
El discurso inaugural de la era Obama congregó multitudes físicas, virtuales y sicológicas pero no superó la audiencia televisiva de la toma de posesión de Reagan. Dos personajes con carisma, dos lideres, y sin embargo qué opuestos. Será que la sociedad (la de allá pero también la de aquí) es bifronte o esquizofrénica, escindida entre dos pulsiones contrapuestas. Somos capaces de lo peor y lo mejor, y esta dualidad, conocida quizás desde antes de la Historia, se manifiesta en opciones políticas irreconciliables por mucho que Bush se abrazase a Obama antes de elevarse por los aires que le devolvían a casa. El país racista que mató a Luther King elige a un presidente negro. Por supuesto, ya existen versiones socarronas que explican el vuelco: en realidad, el pueblo ha encargado a Obama que saque al país del agujero negro en que lo han metido los dirigentes blancos. Barack es la antítesis de Bush, como ZP de Aznar, otra pareja divorciada sin acuerdo previo. Las guerras civiles deben estar relacionadas con este trastorno bipolar que nos divide como si se tratase de un principio social estructurador. Nos parece infantil la separación entre buenos y malos de tantas películas pero la radicalización de muchas opciones frívolas y cotidianas (playa o montaña, Barça o Madrid, Beatles o Rolling) nos devuelve a un escenario maniqueo donde curiosamente es difícil encontrar este centro que todos predican y dicen representar. El mismo PP nos invita cada día a posicionarnos: Aguirre o Gallardón, pero, ¿hay alguien en medio?






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