Se busca líder

Cuando Aznar reclama la presencia de un solo líder en su partido, los aspirantes tiemblan y ponen su cuello a remojar: recuerdan que nombró sucesor a Rajoy precisamente para que todos le añorasen. En este sentido, Aznar acertó del todo: la debilidad patológica de Rajoy confirma cada día el buen ojo de Aznar para asegurarse de que el PP no iba a admirar a otro líder que no fuese él mismo. Ahora, cuando las bases y los barones exigen mano dura, ningún cabeza de serie se atreve a promover su candidatura, no sea que Aznar ordene que le corten la cabeza. Rajoy puede estar tranquilo, porque su flojedad es la mejor garantía para prorrogar su mandato a la sombra del verdadero y único líder dedicándose a opinar desde las alturas del oráculo. Aznar es el único líder del PP (el resto fueron profetas preparando su venida o son los flecos que ha dejado su retirada), el único líder que se ha permitido la España postfranquista. Suárez fue degollado por sus socios y Felipe murió de éxito: sólo Aznar se encargó de preparar su futuro inmaculado, como hizo Dios al descansar para contemplar las fallas del mundo que había creado. Si me apuran, el único líder de un planeta incapaz de creérselos (Obama, como excepción provisional) Basta repasar la galería actual: Chávez, Sarkozy, Putin, Berlusconi, todos ellos parodias de sí mismos. Sólo Aznar se mantiene creíble y en forma, administrando la fiabilidad que dilapida Rajoy desde que lo eligió en vez de a Rato.
Artículo publicado en el diario Ultima Hora (3-11-09)

El discurso inaugural de la era Obama congregó multitudes físicas, virtuales y sicológicas pero no superó la audiencia televisiva de la toma de posesión de Reagan. Dos personajes con carisma, dos lideres, y sin embargo qué opuestos. Será que la sociedad (la de allá pero también la de aquí) es bifronte o esquizofrénica, escindida entre dos pulsiones contrapuestas. Somos capaces de lo peor y lo mejor, y esta dualidad, conocida quizás desde antes de la Historia, se manifiesta en opciones políticas irreconciliables por mucho que Bush se abrazase a Obama antes de elevarse por los aires que le devolvían a casa. El país racista que mató a Luther King elige a un presidente negro. Por supuesto, ya existen versiones socarronas que explican el vuelco: en realidad, el pueblo ha encargado a Obama que saque al país del agujero negro en que lo han metido los dirigentes blancos. Barack es la antítesis de Bush, como ZP de Aznar, otra pareja divorciada sin acuerdo previo. Las guerras civiles deben estar relacionadas con este trastorno bipolar que nos divide como si se tratase de un principio social estructurador. Nos parece infantil la separación entre buenos y malos de tantas películas pero la radicalización de muchas opciones frívolas y cotidianas (playa o montaña, Barça o Madrid, Beatles o Rolling) nos devuelve a un escenario maniqueo donde curiosamente es difícil encontrar este centro que todos predican y dicen representar. El mismo PP nos invita cada día a posicionarnos: Aguirre o Gallardón, pero, ¿hay alguien en medio?






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