Pimpinela en Palma, inicio de la gira en España

Pimpinela
Auditòrium, 5 de septiembre
Pimpinela es una religión y como tal tiene sus fieles y su liturgia. Empieza y acaba de forma parecida, el círculo que se cierra: con retraso (media hora de espera) y con una críptica referencia al tiempo. Las máscaras iniciales son descifradas con la frase que cierra el espectáculo: “Aunque pase el tiempo”. Entre, más de lo mismo pero con más color, más luces, y unos cuantos watios de más. También con un poco menos de voz en Joaquín, algo que encaja en el guión de Pimpineland: el hombre inútil. A su lado. Lucía canta más y mejor que nunca, expresión musical y física del poder femenino. “Vete y no vuelvas nunca”. Como toda religión, Pimpinela tiene sus himnos, que no son otros que el núcleo duro de sus canciones, mezcla de diálogo de culebrón y manual de protofeminismo, que por lo visto y compartido (toda religión verdadera es una fiebre concelebrada) sigue encandilando a antiguos y nuevos fans. Mucha gente joven en un público que no necesita ser invitado a participar porque se siente mejor que en casa, con derecho a ser escuchado. Los dos sacerdotes responden a las arengas y piropos con la misma profesionalidad buenrrollista que despliegan al contar anécdotas de corte familiar-sentimental o testimonios de su Hogar para niños abandonados. Homenaje a su madre (símbolo del eterno femenino, argumento único de la mayoría de letras) española, en una canción menos conseguida que el resto de su repertorio de siempre, caracterizado por este combate de boxeo amañado que volvimos a presenciar: Ella gana pero el público se apiada de Él. El eterno masculino: un ser inconsistente pero guapo, inepto para la pareja e incapaz de satisfacer a cualquier mujer. Representación de la lucha de sexos acotada a la ficción musical y envuelta en pañales de hermandad: la de los cantantes pero también la de Argentina con España o la del mismo público (dividido en dos mitades para corear una canción que funciona como el “Podéis ir en paz”) El tiempo, decíamos, teñido de generosidad. Hubo referencias a los 25 años de Pimpinela pero también a los 40 del Auditorium. Toda una fiesta.
Crítica publicada en el diario Ultima Hora







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