Divorcios tardíos
He visto estos días una foto de una pareja de recién casados en un país africano, Somalia si no recuerdo mal. Él tiene 112 años y ella 17. Barbaridades de sociedades primitivas, pensará usted. Pero por alguna extraña razón, la misma que lleva a los extremos a buscarse, creo que nuestra sociedad del bienestar más desarrollada camina en la misma dirección. Aunque no sólo en esta, claramente machista y regresiva, y esta es la barrera que nos diferencia.
Nuestro presente está ya hecho de mestizajes, a la fuerza, buscados o incluso comercializados, donde (casi) todo es posible; de hecho, de puertas adentro ya no hay moral ni más ley que la dictada por el individuo. Vamos hacia una sociedad sin sexo ni edad predefinidos, en la que cada uno se inventa sus fetiches y sus tiempos, eso sí, dentro de las sagradas normas de la economía global. La familia y la pareja (¿o el trío?): fugaces, provisionales por mucho que se alquilen iglesias o juzgados para cantar el “hoy sí, quiero” Tenemos divorcio express pero las separaciones van todavía más rápidas. No hay edad para casarse ni separarse, lo mismo que desaparece la fruta de temporada.
Es normal enamorarse a los 80, tanto como separarse tras 25 años de matrimonio feliz: la deslocalización ha llegado también a las costumbres, y fuera de las exigencias laborales impera el principio cortoplacista del ello. Hace poco se casó legalmente una mujer con el novio que había muerto en accidente un año antes, y allí estaban las cámaras para contarlo: al fin, una boda original. Lo de Imanol y Pastora, en cambio, como la historia de mis vecinos.
Artículo publicado en el diario Ultima Hora (24-11-09)










Comentarios recientes