Ni en junio ni en septiembre
Ahora resulta que Justicia y Educació tienen criterios opuestos sobre el derecho a examinarse en septiembre los alumnos de ESO. El Tribunal Superior dice que todos pueden ejercerlo, mientras que la Conselleria decía que sólo los que hubiesen suspendido menos de 4 asignaturas en junio. Y como sucede en estos casos, unos están encantados con la revocación del decreto y otros a rabiar. Otro casus belli en la batalla (valga la redundancia) perdida de la educación secundaria, cargada de un fracaso escolar que nadie sabe cómo atajar. Otra polémica inútil, otro frente abierto en una herida que sangra desde hace años sin que nadie se escandalice. Mientras, en cualquier instituto un montón de alumnos faltan a clase, llegan tarde, no han hecho los deberes, se les han olvidado los libros o el cuaderno, repiten curso y siguen suspendiendo siete, ocho o diez asignaturas. Y no pasa nada. Simplemente porque no está prevista esta situación que se repite tropecientas veces al día. No hay multas para padres que se despreocupan de la educación de sus hijos ni castigos para estos si no cumplen con las normas. En todo caso, una gestión informal del conflicto que raras veces puede superar la tasa de la supervivencia. El fracaso escolar no está sólo en las cifras vergonzosas de suspensos y abandonos sino sobre todo en la mentira en que se envuelve al preadolescente, haciéndole vivir que la infracción es impune porque en su estatus sólo valen los derechos. Educamos en la irresponsabilidad para un mercado de trabajo cada vez más exigente. Quizás es lo que se pretende: producir mano de obra basura.
Artículo publicado en el diario Ultima Hora











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