El hermano bocadillo
Lo he hablado a veces con Cili, que decía sentir los efectos del hermano de en medio y no sé por qué hoy me he acordado.
El mayor se lleva la atención de los primeros focos, la sobrestimulación derivada de la ansiedad que estrenan los padres (y no te digo si también los abuelos) Y el pequeño se lleva las propinas de una autoridad gastada por los años y el relativismo que suele proporcionar la experiencia.
El hijo de en medio queda en segundo plano, absorbido por las comparaciones o simplemente liberado de grandes expectativas.
Quizás se necesitan más estadísticas para dar por buena la hipótesis. En algunos casos (pocos, las familias de más de dos hijos son una especie en extinción) he podido confirmarla, pero en otros no.
Supongo que también influye de forma determinante el estado de ánimo de los padres en cada momento. Aunque a veces sutiles o imperceptibles, estas variaciones son recibidas por el bebé de forma directa, amplificada.
Dicho de otra forma: no todos los hermanos tienen los mismos padres ni reciben la misma atención. Cada persona es un mundo, dicen, y esta complejidad se traslada a la relación con los hijos: cada uno recibe una combinación específica, una fórmula única, de nuestra personalidad.












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