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Sí, la cosa funciona

11 Octubre, 2009 emiligene Deja un comentario

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Woody Allen vuelve a ser Woody Allen, y este regreso no tiene nada de regresivo, todo lo contrario. El oráculo de Delfos predicaba “conócete a ti mismo” y los teóricos afirman que “el estilo es el hombre”, y al genio de Manhattan no le ha ido bien cuando ha querido alejarse de esta fronteras por otra parte tan egolátricas.
Si la cosa funciona se mueve en el terreno conocido de los personajes conocidos con tics conocidos protagonizando escenas conocidos. Y es una gozada. Pasa como con el amor verdadero: no cansa, al contrario.

En este sentido, ninguna decepción. He vuelto a reir cuando llevaba varios films de Allen apenas sonriendo. Otra cosa es el balance que podamos hacer. Si es cierto que la cosa funciona desde el principio (ritmo, frescura, personajes, diálogos, gags…) no lo es menos que se medio estanca hacia la mitad para caer en picado al final, dejándonos el mal sabor de boca de haber asistido a una clonación más que a una reinvención.
Desde que la mamá de Melody aparece se diluye el tono de comedia ingeniosa, para adoptar el de caricatura de trazo grueso. ¿Será que Allen ha perdido el músculo creativo necesario para sostener una historia que dure 90 minutos? Da la impresión. La aparición del padre parece un encargo del productor, y ni te hablo del último intento de suicidio.

Para acabar: corramos un tupido velo sobre el pobrísimo final acaramelado (todo artificalidad) y quedémonos con Melody Celestine (todo naturalidad hasta la mitad), con mucho lo mejor de la pelicula. Quizás por ser un personaje a la medida del afán pygmaliónico que siempre ha cultivado Allen…

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Benditos bastardos

11 Octubre, 2009 emiligene Deja un comentario

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Almodóvar es uno de los directores que han firmado la carta exigiendo la nulidad del proceso que sigue teniendo abierto Polanski. El delito, por el que fue condenado hace 30 años en EEUU: drogar a una niña de 13 años para poderla violar sin oposición. O sea que a Almodóvar y a otros ilustres les parece una tropelía que la justicia se les aplique como si fuesen simples mortales: el genio está por encima de los controles terrenos.
No sé si Tarantino ha firmado también la carta, pero le pega. Quentin es el puto amo, y no hay código moral o ético que se le resista. Recuerdo que en la sala de cine donde veía Pulp Fiction tenía a mi lado espectadores tronchándose de la risa mientras la pantalla vomitaba sangre.
Malditos bastardos es otra tarantinada. Brillante, original, caleidoscópica, rompedora. ¿Rompedora? Pues va a ser que no. Va de rompedora, con esta desacralización de la violencia que tanto le caracteriza: un cine culto pasado por la trivialidad del pop. Pero pensándolo bien la película se acoge muy pronto al esquematismo casi maniqueo más tópico. De rompedora nada. Previsible porque enfrenta a los buenos (por supuesto americanos, levemente caricaturizados como elementales y primitivos para que no digan) con los malísimos (los nazis, por supuesto)
Pero el retrato de Göbels o Hitler es indigno de un genio como Tarantino, que se apunta a lo fácil y lo comercial, al discurso dominante que supuestamente cuestiona. Mostrar a Hitler como un balurdo infantil y a Göbels como un tontorrón sensiblero es más que un insulto a la inteligencia, por mucho que se traten de personajes históricos nefastos y despreciables. Es más bien una concesión al esquematismo de la narrativa más convencional.
Nada que ver con To be or not to be. Si Lubitsch levantase la cabeza…

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Au ments: Petit ball

28 Septiembre, 2009 emiligene Deja un comentario

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Petit ball. Au ments. Dirección y coreografía: Andrea Cruz y Tomeu Gomila
Teatre Principal, 25 de septiembre

La guerra civil con toda su tristeza, ¿contada con ternura? Bombas, asesinatos, exilio, miseria moral, discursos que enfrían el alma, ruptura humana por dentro y por fuera. Pero Au ments escoge a un niño como protagonista y no carga tintas victimistas para conquistar nuestra lágrima fácil. El niño juega, por mucho que el avión se pierda o transforme. Desde su mirada la guerra nos llega con sordina. Más absurda tal vez, más extraña. Como le pasa a Rosita, la marioneta cortejada por un fascista y un izquierdista. ¿Todo es igual? No, pero la condena y la crónica no forma parte de un espectáculo que asume la reconstrucción estética, el acercamiento emocional. Magníficas estampas que golpean nuestra percepción, que la perturban. El frenesí de la huida a ninguna parte retratado en su dimensión colectiva y anónima. Au ments nos cuenta su versión de la guerra civil, recordada, interiorizada como una explosión de músicas (popular, tradicional, culta contemporánea; entre el pollito y pasodobles) asomadas tras o entre el bramido del viento y de los bombardeos. Hay mucho trabajo de luminotecnia en este espectáculo, la luz mortecina y racionada ilustra desde la primera escena la pobreza de la época, pobreza física y psicológica en la que apenas hay resquicio para alegrías cotidianas como la de un furtivo beso. Y sin embargo, el resultado no es asfixiante ni se hace pesado de digerir. Emociona, y por eso atrae o seduce lo justo como para no involucrarnos en su mensaje: la distancia sobre todo. Elegante, mágica. Los movimientos justos, también las pausas, los silencios, la oscuridad. Homenaje a los que sufrieron, desde el respeto. Aplausos.


Artículo publicado en el diario Ultima Hora

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Me pido la ventana

El pasado domingo Irina y yo fuimos a ver el show Me pido la ventana, del cómico colombiano Andrés López. Una rayada.
He encontrado este vídeo (son 60 minutos: faltan pues los 120 siguientes. La obra dura tres horas) Si encuentro la segunda y tercera parte, las cuelgo.

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