El silencio de sus ojos

Un peliculón, pura literatura. Reflexiva, dubitativa, metafísica. Pero ligera. Nada de peñazo intelectualista. Humor, thriller, amor. pero sobre todo, el tiempo (ese protagonista único aunque en segundo plano de la buena literatura) La memoria como juego y perspectiva para reconstruir el horror de aquella dictadura argentina que todos hemos vivido en alguna versión propia: mediocridad, corrupción, violencia institucional. El silencio cómplice. Pero decía que es mucho más que un viaje por los recuerdos y el trauma que supuso aquel episodio. La película evita la denuncia para refugiarse en los mensajes subliminales mucho más contundentes: la justicia personal y civilizada como venganza y forma de recuperar la dignidad robada por la Justicia administrativa o gubernamental. Y una historia de amor superpuesta a la que da lugar a la investigación parapolicial, sin besos. No hay sexo ni apenas disparos en esta película tan romántica y tan violenta. Un peliculón, decía: ambigua en su construcción argumental, implacable en su retrato de aquella sociedad de la que provienen tantas democracias. Si le quitamos el desenlace (doble: el de los enamorados, el de los verdugos), una película perfecta. Lenta e intensa, con personajes que días, semanas, después nos acompañan.







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