La vida por delante de Concha Velasco

La vida por delante, de Romain Gary. Dirección: Josep Maria Pou
Auditòrium, 18 de septiembre
Otro llenazo en el Auditòrium, y el público volvió a salir contento. Encontró lo que buscaba. Promesas cumplidas: una historia que emociona, unos personajes (en realidad, sólo dos pero no les hace falta más) bien construidos, un mensaje positivo y unos actores que bordan su papel. Y en el mismo paquete, Ella. Concha es mucho Concha, quizás la última diva del espectáculo español. Una profesional curtida y carismática que en este papel encuentra y aprovecha la oportunidad de exhibir sus magníficos muchos años. Me gustó más que en sus anteriores trabajos, mostrados aquí mismo, desde el musical que le regaló su ex Pedro Masó a aquel Gala que se pasaba de pretencioso. Concha sin otro maquillaje que el necesario para mostrar la vejez de una prostituta judía que nos recordaba a la loca de Chaillot que popularizara Katherine Hepburn en el cine. La historia está fabricada sobre tópicos pero funciona. El dúo materno-filial impone un discurso antipigmalístico que resulta creíble, por mucho que las referencias chistosas a los hijos de puta tengan un punto literario que en todo caso se justifica dentro del registro de comedia que empapa toda la obra. Ternura a la hora de retratar esta madre coraje, en la que el autor quiere sintetizar las consignas de hermanamiento y solidaridad. No importa que haya trampa (él es absorbido por Ella, y el mismo desenlace es una glorificación de las señas de identidad judías), el llamamiento a la tolerancia se expande entre las butacas sin ninguna resistencia. Lo mejor, la presencia de Concha Velasco sobre las tablas, con la vitalidad y entusiasmo juvenil que la caracterizan y comparte con su personaje. Madame Rosa envejece con la misma dignidad con que renace Concha Velasco.
Crítica publicada en el diario Ultima Hora







Qué grande es Concha Velasco…y ahora, tan flamenca, subida a un avión de las Fuerzas Armadas