Pectorales

Sarkozy fue ingresado de urgencia por un síncope, tras cincuenta minutos de trabajo físico intenso. Al presidente galo le va el deporte, un método para ponerse cachas y estar a la altura de Carla Bruni. Tanta igualdad de género y moda unisex para acabar en el culto al macho: el líder moderno debe mostrar su perfil de gimnasio cuando saca a pasear a la delicada primera dama. La política es también cuestión de imagen.
De palabras, como las pronunciadas por nuestros mandatarios para neutralizar el efecto negativo del asesinato de Palma Nova: en vez de concretar medidas para modernizar cuarteles y demás infraestructuras de la guardia civil, se llenan la boca con declaraciones propias de un vendedor de pólizas de seguros. Acabarán en la cárcel, están marginados, su final está cerca, blablabla. Así llevan años, décadas. No acabó el PSOE de los GAL ni el PP de Aznar, pero todos salen a repetir las consignas cuando hay funeral. La sinceridad no vende, como tampoco las imágenes de verdad. En una época de estímulos multiplicados, es necesaria la sobreactuación. Parecer fuertes y ponerse guapos.
Ahí está quien tiene la solución para sacar a España de la crisis, luciendo pectorales en Cerdeña: 2.000 abdominales diarios en tiempos de crisis parecen excesivos. Quién sabe, igual a Rubalcaba y ZP les sentaban bien unos cuantos esteroides. Mientras tanto, los cuarteles siguen sin cámaras de vigilancia y los coches oficiales tienen que aparcar en plena calle. Por eso nuestros líderes confirman el final de ETA, pero sin atreverse a ponerle fecha.
Artículo publicado en el diario Ultima Hora (5 agosto 2009)







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