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Mort de dama, identidad y piruetas

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Mort de Dama, de Llorenç Villalonga. Adaptación de Marc Rosich y Rafel Duran. Dirección: Rafel Duran
Teatre Principal, 13 de marzo

Escenografía, coreografía, dirección de actores, interpretación: deslumbrantes.
Aún haciéndose un pelín largo, el espectáculo es un dechado de perfecciones. Brillante y exquisito en lo formal, y respetuoso con el original, que eleva a la altura de mito.

¿Villalonga, referente identitario de nuestra cultura? El mundo al revés: la dona Obdúlia que se pasó por el forro aquella sociedad rancia con un testamento disparatado, convertida en heroína de la Mallorca que nunca fue. En fin, absurdos de la literatura que a veces se mueve entre los caprichos y mistificaciones del escritor, y las necesidades sociales de ideólogos y políticos.
Villalonga no quiso retratar su sociedad porque se limitó nada más y nada menos que a escribir un divertimento genial casi intransferible.

Esta es la grandeza de la obra, y por esto me parecieron gratuitas y flojas las apostillas pseudodocumentales del principio y el final.
Por contra, la recreación de personajes como Obdúlia o Aina Cohen, dos caricaturas que acentúan su carácter grotesco a medida que avanza la obra, me parecieron geniales.
El resto de los personajes no llegan a la misma altura porque están más cerca de su carácter de comparsas, de extras individualizados que forman parte del repertorio de la realidad. A pesar de lo cual, los respectivos actores consiguieron hacer memorable el desfile.

Todo, gracias a una muy inteligente traducción del ritmo narrativo y fragmentario de la novelita a un verdadero discurso dramático.
Muy buenas las transiciones, y excelente el espacio escénico, capaz, en su grandiosidad, de albergar muchas y distintas situaciones en distintos planos, sin interferencias.

Destacable igualmente el diseño de algunos personajes: las dos hermanas Gradolí adquieren así una especial fuerza . Valioso el trabajo de Santi Pons y en general de todos los actores, que se mueven con soltura y criterio a lo largo de este fresco literario que tiene la tentación de pasar por histórico. Pero Villalonga fue un mitómano, y esta Mort de Dama sólo fue la traca adolescente de una posterior conversión al conservadurismo “auténtico” que lo entronizó con los Bearn.

Crítica publicada en el diario Ultima Hora

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