Bermejo, cazadores cazados

Me pasa con el ¿deporte? de la caza, lo que con con la Fórmula 1, el boxeo, los toros o las carreras de motos, actividades todas ellas que trascendentalizan aquello que está prohibido por peligroso o violento en la vida cotidiana: la temeridad, esa forma machista de arriesgarse para conseguir el aplauso. Los toreros se ligan (¿o esto era sólo en los tiempos míticos del hambre?) a las actrices más deseadas, por lo visto un hombre al que la adrenalina se le sale por los poros las debe poner, al menos para una noche loca. A lo que íbamos: ¿qué hacía un ministro entrado en años y con una huelga que le soplaba en el cogote, cogiendo un rifle sin papeles para matar un largo fin de semana? Es más, ¿cómo es posible que se le viese tan flamenco (tan torero, si tenemos en cuenta el gesto) frente a sus señorías féminas socialistas cuando regresaba a su banco en el Congreso, después de todo lo que le había llovido? No entiendo la caza, pero en este caso entiendo al ministro. Es un chulo con ganas de marcha, al que le ponen las cacerías y las críticas. Como Ava Gardner -dicen- se toreó a Dominguín, sin permiso de Sinatra: hay todo un discurso de piezas cobradas en este hobby donde los roles de cazador y cazado pueden intercambiarse. Lo que importa es la persecución, el juego de quién pilla a quién. Con venados criados para darse el gustazo de emular a un valiente, o recibiendo tortazos de la opinión pública. Le han cazado y se le ve contento: ya prepara la caza contra el PP
Artículo publicado en Ultima Hora (24-02-09)

No se quejarán después del poco interés que despierta la música culta. Semanas y semanas mareando la perdiz y paseando rumores como si se tratase de la gala de los Grammy. Por una vez, varios directores de orquesta elevados a la condición de noticiables por el mero hecho de aspirar a una batuta titular. Como decía Cela, lo importante es que hablen de uno aunque sea bien, y en este sentido los responsables de nuestra orquesta han hecho su trabajo la mar de bien. Otra cosa es que hayan acertado a la hora de decidir el mejor desenlace para este culebrón. De entrada, hay que felicitar al maestro que han jubilado, por haberse mantenido en un discreto segundo o tercer plano sin añadir leña al fuego.durante el tiempo abierto en la guerra por la sucesión. Para un servidor, cerrada en falso. Malo cuando el nuevo titular no era, no es, el candidato de los músicos, y peor resultaría que se hubiese tomado la decisión teniendo en cuenta sobre todo el perfil sociocultural del elegido. La química personal, ideológica o lingüística debería estar supeditada al consenso en torno a un proyecto musical, a una forma de trabajar, a un criterio organizativo, a un estilo interpretativo, todo aquello en fin que convierte a una orquesta profesional en una orquesta especial. Por su sonido, su programación, su particular manera de frasear determinado repertorio o cualquier otro detalle que rescate una formación musical de nivel como la nuestra del conformismo funcionarial. O casi peor, de la música de escaparate, esta que se hace con prisas pero mirando de reojo a un público poco exigente al que endosar obras cargadas de pompa y circunstancia. Hubiese resultado esclarecedor saber por qué se ha elegido a uno y no a otro, cuáles son los méritos que se han valorado y cuáles apenas han pesado, Porque esto supondría conocer los planes (el currículum oculto) que los dirigentes de la orquesta ya han puesto en marcha.
A pocos músicos religiosos les resulta tan adecuada la etiqueta de franciscano. Austero y pulcro en las formas, el pare Martorell es, era, al mismo tiempo un modelo de sensibilidad y amabilidad. Y esto sirve para valorar su vasta obra y para definir su persona. Porque también en su caso el lema “el estilo es el hombre” parece inventado por encargo para él. Su trato exquisito y su innata elegancia se traduce en una escritura musical meticulosa y fluida, y su sencillez personal nos remite a la ausencia de efectismos en sus composiciones. Moderno sin seguir modas, este gran músico montuïrer y universal, mallorquín y cosmopolita (Fernando Marina estrenó en Roma una de sus últimas Misas), discreto y culto (fue nombrado Doctor Honoris causa por la UIB en 2001, y Arnau Reynés le ha dedicado su tesis doctoral) ha sido pionero en acercar la liturgia al pueblo, una forma de apostolado hoy evidente pero que hace cuatro décadas levantaba ampollas. Con humildad franciscana y con perseverancia bachiana. Sus muchos años han corrido parejos a su extenso catálogo de obras, orientadas básicamente al repertorio coral y de inspiración y funcionalidad religiosas: el pare Martorell es uno de nuestros más prolíficos compositores, que además ha permanecido activo hasta más allá de sus 90 años. Hace apenas un mes todavía pudimos escuchar su Processó dels Profetes formando parte de Les matines de Nadal. Voz, piano, órgano: sobre esta trinidad musical, Antoni Martorell expresó la alegría de cantar a Dios, con un lenguaje elaborado que mantuvo el frescor popular. Un genial trabajador franciscano. Y además, entrañable. Todo un ejemplo.











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