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Jugar a los magos

Per art de màààgia. Llorenç Cloquell
Teatre Sans, 26 de diciembre

“Este pueblo está maldito. ¡Vete!, vete y no vuelvas nunca. Y si algún día te gana la nostalgia y regresas… No me busques. No toques a mi puerta porque no te abriré. Busca algo que te guste y hazlo, ámalo como amabas de niño la cabina. Desde hoy, ya no quiero oirte hablar; ahora, quiero oir hablar de ti” le dice el abuelo al protagonista niño de Cinema Paradiso cuando le empuja a irse del pueblo.

A lo mejor el abuelo de nuestro mago no necesitó tratarle con tanta dureza para despegarlo de sus ejercicios de magia, porque hay aprendizajes que nos empapan como el cariño y siempre nos acompañan. Ahí está Cloquell haciendo las mismas trampas de cuando niño, sólo que con más rapidez y astucia y encima con ayudante de lujo. Pero la magia es la misma. El pueblo, el abuelo, la fiesta donde exhibir las habilidades para disfrute de la familia y ganarse unos aplausos y algunas monedas. Llorenç Cloquell me recuerda al Màgic Andreu, claro está, pero sin su sarcasmo ni una especie de violencia afinada contra el público, al que siempre trataba con ganas de vapulearlo. Por eso,. Cloquell escoge niños, más difíciles de asustar y por lo mismo menos manipulables pero más dispuestos a jugar. Volar, hacer desaparecer la Seu, encontrarse con un conejo o unas palomas… son juegos directamente extraídos de una infancia que por un rato es la nuestra.

La necesidad de reinventarse el mundo, sin aceptar las reglas malhumoradas de la maestra de turno. Jugar y sonreir: hay pocas carcajadas, porque la magia natural no es efecto ni trampa ni triunfo sino un placer. Una forma de seducción que Cloquell tampoco explota en beneficio propio: él también se deja transportar por la magia de sus juegos y participa con el público en su realización.

(Crítica publicada en el diario Ultima Hora)

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