El tsunami que no quisimos prever
Por lo visto, todos lo veían venir. La catástrofe financiera es sólo un síntoma más del agotamiento de un modelo que sigue vivo simplemente porque una minoría de mangantes con mucho poder lo siguen exprimiendo para inyectárselo en vena a costa del estrés y el paro de los más débiles, los millones de personas que quizás seríamos más felices viviendo de otra forma pero no tenemos opción de construirla porque no existe: se preocuparon de eliminar cualquier alternativa. De ahí el tsunami actual, que arrasa con todo y con todos.
La fantasía megalómana del progreso indefinido (la última Mallorca del último PP funcionaría como ejemplo académico) ha llevado a sus líderes a diseñar una inmolación universal, en el colmo de su borrachera. Se agota el modelo energético pero los Bush siguen ordenando abrir más pozos. Esta glotonería lujuriosa de quienes se sienten dioses manejando la nave de la Humanidad hacia el paroxismo: basta verlos, sonrientes, eufóricos, colocados. Y su corte de aduladores, callando las señales de la pandemia a punto de llegar. Ahora está aquí, con el euribor y el despido ahogando la paz de millones de personas sin que nadie sea declarado culpable.
Los políticos aprueban leyes para salvar a los financieros en nombre del interés general y ningún fiscal amenaza con investigar y poner datos de deudas astronómicas sobre la mesa. Todos sabíamos que la aventura podía petar, o sea que la destrucción es compartida. Como se ve, los dictadores postmodernos han aprendido a asegurarse la impunidad. Usted, querido lector, es el causante de las suspensiones de pagos que todavía están por llegar.
Artículo publicado en Ultima Hora el 28-10-08







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