Fantasmas tan vivos
Camino por la calle, de regreso a casa, y diviso a un tipo que me resulta familiar. Ah, sí, enseguida lo identifico: vivía en una casa que estaba muy cerca de una en la que viví hace años. Hace años también que no me encontraba con él. De hecho, murió hace dos o tres años, me acuerdo de repente. Pero el tipo que se me acerca podría ser eĺ, me digo. O más exactamente: si me topase con el que fue mi vecino no me sorprendería. Los muertos siguen vivos en nuestra cotidianeidad, aparecen y desaparecen con la misma lógica que aquellas personas con las que no convivimos.
Me pasa que en cualquier rincón de una calle o un paisaje habitual resucita mi padre o recupero una conversación con mi madre, muertos ambos hace más de 20 años. Y sin embargo se trata de situaciones más naturales que las de cruzarse con fantasmas vivos. Me refiero a gente que desapareció tanto de tu vida que ni siquiera figuran en tu memoria. Me ha pasado también hoy: ha pasado por mi lado un tipo que no veía desde hace 40 años; curiosamente, por una parte parecía el mismo de siempre, abducido en formol desde el pasado; pero por otra resultaba un ser totalmente ajeno, otro él mismo. Un fantasma, más irreal que mi abuela que murió hace más de 30 años.
Ciberiada es una novela de Stanislaw Lem, y Sibiriada un film de Konchalowski entre los que no he llegado a confirmar que exista relación de argumento y personajes.
Ni siquiera sé si se corresponde con el título de una película que vi hace décadas (creo recordar que era “Siberiada”) en el Cine Astoria, el film que más me ha afectado de cuantos he visto nunca. Y era justamente el argumento fantasmal: a lo largo de la saga familiar, los muertos reaparecían y se mezclaban con los vivos, sin solución de continuidad pero de manera ambigua.
Me bajé Sibiriada de Konchalowski (nada mejor que acudir a IMDB, la enciclopedia del cine en Internet) y encontré después los subtítulos en castellano, y los ensamblé. Pero no he llegado a ver la película.
La vida avanza, avanza, avanza. Ahí quedó la película en algún DVD o disco duro, pero hoy al encontrarme con el tipo que no veía desde hace 40 años y con el que se parecía tanto al que murió hace 2 ó 3 que lo confundí, me he vuelto a acordar de la película.







Llegué aquí porque tenía la misma duda sobre la obra de Lem y el film. Me gustó el relato. Muchas veces me pasa, será nuestra necesidad de ellos.
Saludos