Mallorqueta
El Barça se ha negado a viajar con Air Berlin por aquellas polémicas declaraciones contra el catalán, pero Rijkaard estuvo años dando ruedas de prensa en castellano sin que el que es más que un club manifestase su incomodidad. Ni porque Deco, Ronaldinho, Eto’o, Iniesta o Márquez se expresasen en castellano en prensa, radio y televisión, después de vivir (y ganar mucho dinero) en Catalunya durante años.
Curiosa ambivalencia de la de los nacionalismos, que otorgan estatus de primera a unos pocos ciudadanos y de tercera categoría a los que más. O que adoptan conductas airadas en un caso o permisivas en otras, en función del contexto mediático o los intereses en juego. Por ejemplo, leo que el Gobierno de ZP está empeñado en otorgar derechos de voto a los inmigrantes, reconociéndoles su ciudadanía. Justamente, cuando un inglés recién aterrizado compra el Mallorca, ante la sorpresa y decepción de las fuerzas vivas de la sociedad mallorquina. Para trabajar con los papeles en regla hay que hacer cola, esperar meses o años, conseguir un contrato y confiar en la suerte, pero para hacerse con el principal icono deportivo y social del país basta prometer los millones que a lo mejor tampoco podrán hacerse efectivos del todo porque ya se sabe que la economía financiera es frágil e imprevisible, como ha demostrado Villalonga en el Valencia.
Tampoco sabemos qué opina UM del nuevo staff del Mallorqueta de nuestros amores, ni si la teoría del numerus clausus poblacional afecta a los altos directivos. O si, simplemente, el fútbol está por encima de la política: liberalismo en estado puro.
Artículo publicado en Ultima Hora el 5/08/08
Camino por la calle, de regreso a casa, y diviso a un tipo que me resulta familiar. Ah, sí, enseguida lo identifico: vivía en una casa que estaba muy cerca de una en la que viví hace años. Hace años también que no me encontraba con él. De hecho, murió hace dos o tres años, me acuerdo de repente. Pero el tipo que se me acerca podría ser eĺ, me digo. O más exactamente: si me topase con el que fue mi vecino no me sorprendería. Los muertos siguen vivos en nuestra cotidianeidad, aparecen y desaparecen con la misma lógica que aquellas personas con las que no convivimos.






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