Zapatero y los suyos se pasaron los últimos años que si España lideraba el crecimiento económico en Europa, que si la balanza de pagos, que si el recorte del paro, que si las macrocuentas, que si el superávit. Sin embargo no nos dijo, pero tampoco los suyos se esforzaron, que las inmobiliarias estuviesen construyendo un país de ladrillos muy parecido a la primera casita de los tres cerditos, ni que se estuviesen forrando por todo el morro a base de créditos que ningún banco nos concedería a nosotros ni que pudiésemos devolverlo en cinco mil años al cuarenta por ciento de interés.
Por su parte, los populares están que se salen hablando de la crisis, de la recesión, de la desaceleración y todo el infierno que nos espera, culpa por supuesto de Zapatero. De golpe, dejan aparcado su liberalismo y claman porque el Estado intervenga: por lo visto, los mercados ya no se ajustan solos ni se rigen por la ley de la oferta y la demanda. Hay que salvar a los empresarios ahora que algunos de ellos no ganan millones con un simple golpe de timón especulativo.
Y en medio, los demás, casi todos. Sabemos de economía lo justo. De la nuestra, que siempre podría mejorar pero que nos permite sobrevivir sin los aspavientos de los liberales cuando hay recesión y sin el distanciamiento patriarcal de los sociatas que no tienen nada que perder, porque paga el Estado. Al fin y al cabo, ya nos hemos acostumbrado a capear los temporales y a relativizar las estadísticas. Ya lo dijo Marx: la economía es un vaivén.
Artículo publicado en Ultima Hora el martes 22/07/08






