El sicoanálisis descubrió que la líbido, el sexo, es lábil: no tiene objeto predefinido ni se mueve en una dirección homogénea y generalizada. De ahí que existan tantas opciones sexuales, fetichismos, desviaciones y cientos de prácticas ajenas a la moda y las pautas estándar.
Pasa lo mismo con la vagancia, cuyo último fin es la autosatisfaccción.
El vago absoluto no existe, en realidad es la máscara del abusón, del aprovechado: el vago necesita que los de su entorno no lo sean para poder él seguir siéndolo.
Por eso, escoge a las personas y situaciones que mejor satisfacen sus expectativas sin otro filtro ni criterio. Si falla algún elemento de este escenario, el vago se moviliza hasta encontrar sustituto. Como la líbido, es una fuerza impersonal y “ciega” de gran potencia por su capacidad de adaptación.
Desde el punto de vista darwinista, el sujeto vago es más fuerte (resistente) que el sujeto activo, trabajador o sacrificado
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